Las tensiones en la relación bilateral entre México y Estados Unidos escalaron desde ayer jueves luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmara a medios de su país que su gobierno intensificará el combate contra los cárteles de la droga “por tierra”, al asegurar que dichas organizaciones “controlan México”.
Horas después -la mañana de este viernes- la presidenta Claudia Sheinbaum informó que instruyó al secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, a contactar directamente al secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, para abordar el tema por la vía diplomática.
Durante sus declaraciones, Trump sostuvo que su administración ya logró frenar 97 por ciento del tráfico de drogas por vía marítima, por lo que ahora el combate se enfocará en el territorio continental. Sin detallar mecanismos ni alcances, el mandatario aseguró que no se guiará por el derecho internacional, sino por lo que llamó su “propia moralidad”.
Las afirmaciones se dan en el contexto de operaciones militares estadounidenses en aguas internacionales, en las que se reportaron decenas de muertes, sin que se hayan presentado públicamente pruebas de vínculos directos con el narcotráfico.
La respuesta de México
Ante ese escenario, Sheinbaum subrayó que la cooperación en materia de seguridad entre ambos países existe y debe fortalecerse, pero siempre con respeto a la soberanía nacional. Señaló que el contacto instruido al canciller busca clarificar los alcances de las declaraciones de Trump y mantener abiertos los canales institucionales.
La mandataria agregó que, de ser necesario, ella misma podría entablar comunicación directa con Trump, y recordó que ya existen acuerdos de coordinación entre autoridades de ambos países, como los establecidos entre la Secretaría de Marina y la Guardia Costera estadounidense para el combate al tráfico ilícito.
Las declaraciones del presidente estadounidense y la reacción del gobierno mexicano ocurren en un momento de alta sensibilidad diplomática, marcado por el endurecimiento del discurso de seguridad en Estados Unidos y la insistencia del gobierno mexicano en una estrategia basada en cooperación y en la no intervención.