Acerca de los ataques a la población civil por parte del crimen organizado, ocurridos el 11 de agosto del 2022, el vocero de la Diócesis Católica de Ciudad Juárez, Juan Carlos López, señaló que no deben volver a repetirse, sin embargo siempre está el temor de que ocurran.
El sacerdote indicó que los ataques de hace un año fueron sorpresivos y causaron honda tristeza en los ciudadanos.
Acerca de lo ocurrido, señaló que “a lo mejor más que el miedo, (fue) la tristeza de ver una sociedad que había llegado a niveles de expresiones de violencia tan fuera de lo común, tan desordenados, y tan grandes y tan escandalosos… tan atroces”.
Aseveró que gente que estaba haciendo su trabajo ordinario, fue víctima de ese “sin sentido que tuvo la violencia en Ciudad Juárez como máxima expresión”.
Señaló que toda expresión de violencia es un sinsentido y se acentuó más ese día en que civiles en la calle fueron agredidos.
López dijo que el deseo de todos es que no se repitan esos hechos, sin embargo puede no ser así.
“Yo creo que lamentablemente somos conscientes de que en cualquier momento se puede repetir porque así como quienes hace un año se les ocurrió, no faltará quién pueda hacerlo de nuevo”, comentó.
Agregó que ojalá eso no suceda, porque la ciudad no se lo merece.
“La población no se merece una situación tan lamentable, tan triste y obviamente ninguna familia se merece sufrir de tal manera”, externó el religioso.
Agregó que no solamente es el dolor de la tragedia que se vive sino que realmente se destruyen familias, se rompen historias y es un dolor que se carga.
Anoto que la ciudad ha aprendido a vivir estos hechos lamentables aunque aclaró que los familiares de quienes han sufrido así violencia no es que lo olviden, “simplemente aprenden a vivir pero queda siempre en el corazón esa marca, esa marca del miedo, (de) inseguridad”, subrayó.
Hizo énfasis en que se espera que no vuelva a suceder, y que por parte de las autoridades deben seguir apostádnosle a la prevención y a la impartición de justicia.
Anotó que a nivel humano la iglesia y cualquier organización de la sociedad civil están muy “pendientes del trabajo de afrontar el duelo, de estar presentes no solamente para sobrellevar el tema sino para ayudar a vivir lo mejor que se pueda ese tipo de tragedias tan fuertes a nivel humano”.