Familias y amigos de 17 guatemaltecos fallecidos en el incendio de un centro migrante sepultan a sus muertos, así lo documentó en un fotoreportaje el periódico estadounidense The New York Times.
Cuarenta personas murieron en el incendio en Ciudad Juárez el mes pasado. El martes, los restos de 17 de las víctimas fueron transportadas a su país.
“Él no pensaba volver en ataúd”, dijo la viuda de uno de los fallecidos.
Nadie esperaba que regresaran tan rápido.
La semana pasada, los restos de 17 guatemaltecos que murieron en un incendio en un centro de migración cerca de la frontera con Estados Unidos fueron trasladados a casa, donde se declararon tres días de duelo nacional. Estaban entre las 40 personas que fallecieron en marzo en Ciudad Juárez, México, cerca de la frontera con Texas.
No es la primera vez que el presidente de Guatemala declara un periodo de luto similar. Lo ha hecho al menos dos veces antes: en diciembre de 2021, cuando al menos 40 guatemaltecos murieron en un accidente de tránsito en Chiapas, México, y en marzo de ese mismo año, cuando más de una decena de migrantes fueron asesinados a tiros y quemados en Tamaulipas, México.
En lo que va del año, las autoridades guatemaltecas han ayudado a repatriar a 58 ciudadanos fallecidos. En 2022, trajeron de vuelta los cuerpos de 427 personas, 361 de los cuales habían muerto en Estados Unidos. Muchos de ellos eran migrantes que intentaban cruzar la frontera estadounidense.
México ha detenido a cinco personas vinculadas al incendio de marzo. También se espera que la Fiscalía General de México proceda penalmente contra el jefe del Instituto Nacional de Migración.
Abajo, los restos de los migrantes llegaron a una base de la fuerza área en Ciudad de Guatemala el martes por la noche.

Francisco Gaspar Rojche Chiquival, de 24 años, y Miguel Rojché Zapalu, de 40, fueron dos de los hombres sepultados en Chicacao, una comunidad predominantemente indígena en el suroeste de Guatemala. Eran tío y sobrino y habían salido rumbo a Estados Unidos el 19 de marzo.

Dos de las hijas de Rojché Zapalu atendieron a su velorio.

Sus familiares dijeron que habían tenido que recurrir a préstamos para cubrir las tarifas de los coyotes —contrabandistas de personas— que pedían entre 15.000 a 19.000 dólares por cada migrante. Los hombres habían sido detenidos cerca de la frontera con Estados Unidos y se tenía previsto que fueran deportados a Guatemala.

“Él no pensaba volver en ataúd”, dijo Rosa Elvira Chiquival, la viuda de Rojché Zapalu, de 37 años. Recordó que la familia salió a abrazarlo la mañana que se fue. Chiquival tiene seis hijos, con edades de entre los 3 y los 15 años. También recordó que les dijo: ‘Tengo que ir por ustedes, para salir adelante’”.

El entierro de Rojché Zapalu en San Pedro Cutzán.

El entierro de Rojche Chiquival.

“El presidente de México tiene que buscar a la gente con responsabilidad”, dijo Aurelia Gutiérrez, familiar de Rojche Chiquival, de 50 años, mientras una banda funeraria tocaba. “Ellos no son ladrones, buscan la manera de sostener a la familia porque aquí, en Guatemala, todas las cosas están caras”.

El velorio de Marcos Abdón Tziquin Cuc, de 21 años, en la aldea de Paquilá.

Familiares y amigos cargando el ataúd de Gaspar Josué Cuc Tziquín.

El ataúd de Cuc Tziquín fue sepultado en el cementerio.

Familiares y amigos durante el funeral de Cuc Tziquín.


