Este 2 de febrero no hay margen para el olvido en Chihuahua. A quienes les tocó el Niño Dios en la Rosca de Reyes les llegó la hora de cumplir: hoy se pagan los tamales y se celebra el Día de la Candelaria, una de las costumbres más arraigadas del calendario popular mexicano.
Desde temprano, el vapor de las ollas y el movimiento en tamalerías anuncian la jornada. Rojos, verdes, de rajas, de dulce o especiales, los tamales vuelven a ocupar el centro de la mesa en casas, oficinas y reuniones improvisadas, acompañados de atole, champurrado o café. La escena se repite cada año entre bromas, cuentas claras y recordatorios para que nadie se haga el desentendido.
Más allá de la comida, la fecha conserva un fuerte significado religioso. En parroquias de la ciudad, familias acuden a la bendición del Niño Dios, que es presentado en el templo vestido con ropa nueva, como símbolo de fe, renovación y esperanza. Para muchos creyentes, este ritual marca el cierre formal del ciclo navideño.
En una ciudad marcada por la prisa, la presión económica y la rutina diaria, el Día de la Candelaria funciona como un respiro colectivo. Es el pretexto perfecto para reunirse, compartir y mantener vivas tradiciones que, año con año, resisten el paso del tiempo.