En medio del relanzamiento de la relación bilateral México-Canadá, el primer ministro Mark Carney hizo una afirmación que rápidamente cruzó fronteras: “La señora Sheinbaum es excepcional. Seamos claros: es excepcional”.
Lo dijo ante empresarios y líderes económicos en Montreal, al relatar la rutina que —según él— revela el estilo de gobierno de la presidenta mexicana: despertar a las 5:30 de la mañana, encabezar una reunión de seguridad a las 6:00 y sostener una conferencia diaria de más de una hora y media.
La calificó como una mandataria de “disciplina inusual”. En tono ligero, remató: “Yo no tengo material para una conferencia de prensa de esa magnitud”.
El comentario de Carney no fue una cortesía diplomática. Ocurrió durante un encuentro empresarial que tuvo como eje la consolidación de la estrategia Canadá-México en comercio, inversión, seguridad y transición energética.
El elogio, en este contexto, funcionó también como un mensaje hacia fuera: reconocimiento a una presidenta recién llegada al cargo, con quien Canadá busca afianzar un bloque norteamericano más cohesionado ante la revisión del TMEC en 2026.
Esta mañana en la conferencia matutina en Palacio Nacional, Sheinbaum agradeció los elogios y amplió el mensaje:
“México es un país extraordinario (…) Cuando vienen visitantes, primeros ministros, presidentes, se quedan con una emoción enorme. No solo por nuestra historia, sino por el proceso que está viviendo México”.