“La Iglesia también reza por ellos”, dice el obispo de la Diócesis de la Tarahumara, Juan Manuel González Sandoval, acerca de las personas que pertenecen a grupos delincuenciales que operan en la sierra de Chihuahua.
Por esa y otras razones, descarta que al menos los sacerdotes en los templos de la Diócesis estén bajo amenaza del crimen organizado a raíz de la muerte violenta del presunto narcotraficante José Noriel Portillo Gil, “El Chueco”.
“El trasiego ha permanecido desde hace más de 40 años”, comenta.
“Entonces, directa o indirectamente, por diversas condiciones, están metidos dentro de los grupos (religiosos), y hemos convivido con esas familias y a muchos nos ha tocado bautizar a más de un delincuente”, agrega el presbítero.
En entrevista para Norte de Chihuahua acerca de la situación que vive la diócesis a raíz de la muerte de “El Chueco” y de los operativos de seguridad desplegados por el Estado mexicano tras el homicidio de dos sacerdotes jesuitas, González Sandoval descarta que vayan a sufrir represalias.
“Creo que, dentro de sus circunstancias que han tocado vivir, (ellos) conservan una fe en San Juditas, en la Virgen de Guadalupe y todavía hay un respeto por las cosas de Dios y por los otros ministros”, menciona el religioso.
Narra que, en diversas ocasiones, cuando circulan por la sierra, los “paran” en retenes de grupos delincuenciales, pero no los han agredido.
“No tenemos problemas porque saben que atendemos a sus familias, nos preocupamos por su salud espiritual porque también rezamos por ellos”.
Él mismo dice haber circulado por los caminos de la sierra sin mayores dificultades.
“Yo puedo circular en la sierra, aunque no me expongo en las noches. (Ellos) tienen “halcones” y nos identifican fácilmente y no nos paran. Nos dejan pasar, bajan las armas”, comenta.
De los operativos del Ejército, la Guardia Nacional y las fuerzas del Gobierno del Estado, menciona que sí han favorecido para establecer un clima de seguridad en la región aledaña a Cerocahui, donde fueron asesinados los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, cuando estaban en el interior del templo.
“Mientras han estado las fuerzas de seguridad la gente se siente tranquila, porque de alguna manera se sienten más seguros.
Dijo además, que a raíz de la muerte “de esta persona” (El Chueco) la gobernadora Maru Campos se comprometió a establecer las medidas cautelares para la Compañía de Jesús, pero a solicitud de ésta, se extendieron para protección de toda la comunidad.
“Eso era y lo más importante: prometieron que permanecerán”.
De la reacción del grupo delictivo de “El Chueco”, respondió que no cree que haya represalias.
“Pedimos justicia no solo por la muerte de los padres (de Cerocahui), sino las más de 145 mil muertes en el país y violentas”, señaló.
“No sentimos miedo de alguna represalia puesto que la Iglesia está para buenos y malos y creo que nuestro Señor Jesucristo vino para salvar a los pecadores, no a los justos”, concluyó.
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