La franja territorial que abarca los municipios de Aldama, Coyame del Sotol y Ojinaga es una de las zonas más despobladas del país. Con apenas 52 mil habitantes, tiene menos de la mitad de la población de municipios como Delicias o Cuauhtémoc, aunque su extensión territorial supera la de varios estados de la República Mexicana.
Con menos de dos habitantes por kilómetro cuadrado, en un territorio árido y de enormes extensiones donde el paso de la civilización apenas se percibe, esta franja que conecta el centro del estado con la frontera con Texas, por el oriente, se ha convertido en el escenario de una disputa feroz entre organizaciones criminales que buscan establecer un dominio territorial continuo hasta la Sierra Tarahumara.
Una carretera de 242 kilómetros, que en condiciones normales podría recorrerse en tres horas y media, es hoy escenario recurrente de hechos delictivos: asesinatos, privaciones ilegales de la libertad, tiroteos, aseguramientos de arsenales en operativos conjuntos y cuerpos abandonados en caminos y brechas dan cuenta de la confrontación entre grupos que representan los remanentes fragmentados de lo que fueron el Cártel de Sinaloa y La Línea, ahora reconfigurados en nuevas alianzas que enfrentan a antiguos socios e incluso a viejos enemigos.
Sin embargo, el punto de quiebre de esta disputa territorial no fue un operativo policiaco ni una confrontación directa entre cárteles, sino la captura —o posible entrega— de quien durante años fue considerado el jefe de plaza en Ojinaga: Sergio Menchaca Pizarro, alias “El Menchaca”.
Identificado para efectos procesales como Sergio M. P., pero ampliamente conocido por los alias “El Menchaca” o “El Robin”, fue detenido en agosto de 2023 en Presidio, Texas, tras haber dominado durante años una plaza clave para el trasiego de drogas, armas y personas en esa región fronteriza de Chihuahua con Estados Unidos.
Durante largo tiempo fue identificado como uno de los principales líderes del crimen organizado en el corredor que incluye Ojinaga, Aldama y Coyame del Sotol. Su figura estuvo ligada al brazo armado de La Línea, organización asociada al Nuevo Cártel de Juárez y con profundas raíces en la región fronteriza.
Autoridades mexicanas y estadounidenses lo mantuvieron durante años en sus listas de objetivos prioritarios, por su presunta participación en delitos de alto impacto como narcotráfico, extorsión, secuestro y el uso sistemático de la violencia para controlar rutas y comunidades.


Detención… ¿o entrega?
El Menchaca fue detenido el 17 de agosto de 2023 en Presidio, Texas, por agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos. Las versiones oficiales señalan que fue capturado en territorio estadounidense; sin embargo, diversas fuentes periodísticas han sostenido que su presentación ante las autoridades pudo haber sido resultado de una autoentrega, es decir, que acudió voluntariamente al cruce fronterizo para ponerse a disposición de la justicia norteamericana.
Tras su aseguramiento, fue procesado en cortes federales de Estados Unidos por delitos como narcotráfico y tráfico de personas. Posteriormente, un tribunal estadounidense le impuso cadena perpetua y multas multimillonarias, de acuerdo con reportes de prensa especializada.
Aunque su captura fue interpretada como un golpe simbólico al crimen organizado en la frontera chihuahuense, la violencia no solo no disminuyó, sino que se recrudeció. Analistas de seguridad y autoridades locales coinciden en que su salida del escenario criminal generó un vacío de poder, ocupado rápidamente por células fragmentadas, disputas internas y enfrentamientos con grupos rivales.
Organizaciones como Los Cabrera Sarabia, vinculadas al Cártel de Sinaloa en la disputa por plazas estratégicas, han intensificado los enfrentamientos con remanentes de La Línea y otras células criminales. El resultado ha sido una escalada de homicidios, desapariciones y ataques armados en municipios como Aldama y Ojinaga, desde 2024 y hasta la fecha.


Reconfiguración del crimen organizado
Tras la caída de El Menchaca, el liderazgo de su estructura criminal fue asumido por otros integrantes de la red, entre ellos su hermano, conocido como “El Menchaquita”, en un proceso que aceleró la reconfiguración de alianzas y disputas territoriales.
Funcionarios de seguridad identifican esta recomposición como uno de los factores centrales de la violencia actual: mientras algunos grupos buscan consolidar rutas de trasiego y posiciones estratégicas, otros intentan despojarlos de esos espacios mediante la fuerza.
Durante el último año, la franja Aldama–Coyame–Ojinaga ha sido escenario tanto de enfrentamientos armados como de operativos conjuntos de seguridad que, en muchos casos, han derivado más en el aseguramiento de armas y vehículos que en la detención de líderes criminales.
El 10 de julio pasado, la Fiscalía General del Estado (FGE) informó sobre el aseguramiento de armas y vehículos con reporte de robo, así como la detención de seis hombres presuntamente vinculados a una célula delictiva.
Durante el operativo se aseguraron ocho armas largas tipo fusil —cinco calibre 7.62×39 y tres calibre .223—, 22 cargadores, 320 cartuchos útiles, además de 13.44 kilogramos de mariguana y siete chalecos tácticos, de acuerdo con el comunicado oficial.
No obstante, a casi medio año de aquel despliegue, la violencia no cede.
El martes pasado 06 de enero, tres personas —dos hombres y una mujer— fueron localizadas sin vida sobre la carretera que conecta Aldama con Ojinaga, informó de manera preliminar la FGE. Fuentes de la corporación indicaron que se investiga si los cuerpos corresponden a tres hermanos que habrían sido privados de la libertad días antes en Aldama, un hecho que generó alarma entre los habitantes de la región.
De acuerdo con fuentes de la Secretaría de Seguridad Pública consultadas por Norte Digital, la disputa por el control de la franja oriental del estado se ha intensificado en el último año, ante la intención de los grupos criminales de establecer un corredor continuo que vaya desde el suroeste, en la Sierra Tarahumara, hasta la frontera entre Ojinaga y Presidio, Texas.
En ese contexto se inscriben los hechos violentos registrados en municipios como Guachochi y Moris durante el año pasado, así como el persistente clima de confrontación en el corredor Aldama–Coyame–Ojinaga.
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