Una partida de dominó en una casa ubicada en la zona de Camino Viejo a San José y Diego de Alcalá fue la última ocasión en que Gustavo Elizondo Aguilar pudo saludar en persona a Francisco Barrio Terrazas.
Junto con un reducido grupo de amigos, se reunían los jueves. Más de cincuenta años de caminar por senderos paralelos en la actividad empresarial y política de la frontera habían permeado hasta el espacio íntimo de la amistad y la familia.

Católicos, panistas, empresarios, compartían más que una afición: un ideario de vida.
Tal vez por esa cercanía, y a pocas horas de conocerse el desenlace fatal del padecimiento que aquejaba al juarense oriundo de Satevó, Elizondo procuró no quebrar la voz al relatar cómo fue la última vez que lo vio con vida.
“Antes de que él se fuera a Houston nos reunimos en su casa; se veía optimista y por eso fue una sorpresa muy dolorosa que haya tenido complicaciones”, platicó.
Incluso relató que todavía intercambiaron mensajes de audio, en los que el exgobernador se escuchaba confiado y optimista.
Pocos días antes de su muerte, el propio Barrio reunió en una videoconferencia a ese pequeño grupo de amigos cercanos para darles un mensaje de despedida.
“Unos días antes de fallecer nos invitó a una videoconferencia y nos enlazamos un grupo de amigos. El propósito fue despedirse de nosotros”, recordó Elizondo.
Se dijo agradecido por el gesto, aunque con el corazón roto por el motivo que los reunió para decirles “hasta luego”.
España, entre la amistad y la fe
“Con él vivimos —recordó— momentos de muchísima alegría; todavía el año pasado nos fuimos con él, Ramón Galindo, Luis Mario Gutiérrez y Sergio Madero, a un viaje a España, por un par de semanas”.
Fue impactante —detalló— visitar en Barcelona la Iglesia de la Sagrada Familia y observar a un Cristo prácticamente suspendido en su interior. Ninguno de los integrantes del grupo ocultó nunca su fe católica ni su convicción panista.
“Su pérdida es inconmensurable —sostuvo Elizondo— porque fue un hombre que dejó una profunda huella, un reformista que verdaderamente cambió las cosas en México”.
El hombre que encendió la mecha
De acuerdo con Elizondo, Pancho Barrio, como lo conocía el pueblo, “encendió la mecha” junto a otras personalidades como Luis H. Álvarez.
“Hicieron —dijo— una labor espléndida para que en México hubiera democracia, una democracia que hoy se nos está arrancando de nueva cuenta”.
Durante el periodo en que Barrio fue gobernador, de 1992 a 1998, Elizondo se desempeñó como representante del Gobierno del Estado en la zona norte, mientras que Ramón Galindo fue presidente municipal de Ciudad Juárez.
El legado más importante que dejará Pancho Barrio en la historia, estimó Elizondo, es haber sido un hombre íntegro, de probada honestidad y fiel a los mejores ideales democráticos del México moderno.
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